sábado, 19 de septiembre de 2009

NUESTRAS CIUDADES

Todo aquel que ha viajado a los países desarrollados o, por lo menos, a los más desarrollados que el nuestro, fácilmente nota las abismales diferencias entre las ciudades modernas y las nuestras; y cualquiera de las nuestras, en cuanto a órden, limpieza y servicios se refiere. Y es bueno aclarar que, aunque es cierto que tenemos menos recursos debido al subdesarrollo, la falta de recursos no es el obstáculo para que tengamos ciudades modernas. Nuestras ciudades son ciudades, simplemente porque para serlo, se necesita estructurar un conjunto de edificios y calles y que las actividades que se desarrollen en ellas no sean de carácter agrícola, tal como lo define el diccionario de la Real Academia. Recuerdo haber consultado el Pequeño Larousse Ilustrado por allá por 1984, los datos sobre República Dominicana y, refiriéndose a sus ciudades decía: "Santo Domingo, su capital, es la única con aspecto de gran metrópoli". Hoy podríamos decir así: "Es la única gran urbe o metrópoli", pues con la palabra "urbe" nos referimos a una ciudad muy populosa que demanda servicios, como por ejemplo, de transporte moderno, como un metro, túneles, elevados y grandes avenidas.

A pesar de ser una gran ciudad o una gran urbe, Santo Domingo adolece de ciertas condiciones que la puedan comparar con las grandes metrópolis como Buenos Aires, Ciudad Mejico o Santiago de Chile, debido a su crecimiento desordenado y a la precariedad de servicios básicos. No se puede comparar con ciudades de países muy grandes; pero sí vale la comparación con ciudades de países pequeños y subdesarrollados como el nuestro, para que haya cierta proporcionalidad. Una ciudad, para ser moderna, no tiene que exhibir extravagancias como Nueva York, Tokio. París. Londres o Sao Paulo. Para mí, el modernismo lo determina la existencia de facilidades y servicios eficientes de que pueda disponer, así como el órden en el tránsito, entre otros detalles importantes.

Alcantarillados pluvial y sanitario, transporte urbano organizado y decente, señalizaciones y semáforos sincronizados, aceras y contenes bien diseñados, pavimentación de las calles, limpieza esmerada, ornato y parques, oficinas públicas eficientes, servicios públicos como agua, electricidad, gas y telefonía, bibliotecas públicas, museos, teatros y auditorios, entre otras facilidades, pueden lograrse en una ciudad de nuestro país, con los recursos de que disponemos. El problema está en una sola palabra: CORRUPCION. Pero también en una frase: FALTA DE VOLUNTAD. Nuestra ciudad capital concentra todas las grandes actividades nacionales e internacionales porque es en ella que se concentran todas las facilidades de una ciudad moderna, aunque no comparable a las mencionadas más arriba.

Pero a todo lo dicho debo agregar, que los ciudadanos también son un elemento determinante para clasificar y calificar a una ciudad. Por eso, los elemento cultura y educación son indispensables para tales fines. Si tenemos una pequeña porción de la población que practica la cultura popular, también tenemos una pequeña élite que cultiva las Bellas Artes, por lo cual no se siente la actividad cultural en ninguna de nuestras ciudades. Los nuevos ricos no se integran a las actividades culturales y, de hacerlo, lo hacen con un criterio exhibicionista para ser destacados en la prensa por los escasos cronistas que se dedican a exaltar todo cuanto hace la "alta sociedad". No faltaron reseñas en favor de las "personalidades" dominicanas que asistieron al concierto del Gran Pavarotti en el Teatro Nacional; pero cuando éste intentó una segunda presentación, hubo de ser suspendida por falta de público. ¿Habría ocurrido lo mismo en París o Nueva York?.

LAS DEMAS CIUDADES DOMINICANAS
Lo que diga de La Romana, puedo decirlo de cualquiera de las ciudades más grandes del país: Santiago, San Cristóbal, San Pedro o Puerto Plata, casi con las mismas descripciones. ¿Qué tenemos en dichas ciudades de modernismo? Muy poco o casi nada, ni siquiera órden. El que quiera comprobarlo, que se desvista de ese apasionamiento que acostumbramos a exhibir por un irracional regionalismo y camine por las calles, que se suba a un "carrito o una guagua de concho", que busque un servicio público eficiente o que salga de su casa después de un fuerte aguacero. Si es no vidente o de escasa visión, como si usa silla de ruedas, ni intente salir sin compañía o en su silla de ruedas por las aceras: SON UN DESASTRE. No puede caminarse un metro sin que se encuentre con un desnivel para la entrada de un vehículo a una marquesina. Los únicos desniveles o rampas permitidos para minusválidos, no existen, pero hay desniveles de alto y bajo relieve hasta para facilitar la entrada de una motocicleta a la vivienda. Además de que tiene que bajar a la calle porque le obstruye el paso una familia completa sentada en la acera, una mesa con frituras, un juego de dominó, un taller de cualquier cosa o el jolgorio del colmadón. De los ruidos, ni hablar: el platanero con su bocina estridente a la hora de su siesta, pero también la caravana política con equipos que estremecen hasta a los edificios, están a la órden del día.

¿Para qué tenemos las señales de paso peatonal? Si acaso aparece un chofer que le cede el paso, hay que tener cuidado, pues le sale un chorro de vehículos con choferes imprudentes o un "motoconcho" que sale de la nada. La educación de la población no es escasa, sino nula. No se puede llamar la atención a nadie que esté en defecto, por eso estamos a años luz de tener ciudades modernas, debido más a esa falta de educación que a la existencia o no de las facilidades necesarias. Admito que, por ser dominicano, cometí de salir a la calle en Lynn, Massachusetts, con una cerveza en la mano. Un ciudadano me llamó la atención de manera muy cortés por haber advertido en mí ignorancia a la ley estatal que prohibe tomar bebidas alcohólicas en la vía pública. Le agradecí con la misma cortesía, al tiempo que le pedí excusas y retorné la cerveza de inmediato. Realmente lo hice porque ya lo había hecho en Nueva York y creí que valía en Massachusetts, en donde las actividades de diversión nocturnas cesan a la una de la madrugada sin ningún tipo de protestas. Pero vaya a Nueva York en verano para que vea en las zonas de concentración de la diáspora criolla y se sentirá como en casa.

Recuerdo cuando en Santiago se instalaron parquímetros, cómo fuero arrancados por los choferes en violentas protestas, doblándole el pulso al municipio. De todas maneras, en cada una de nuestras ciudades hay personas concientes, grupos preocupados por nuestras deficiencias, grupos culturales haciendo grandes esfueerzos, pero los mismos apenas se notan, dado el grado de descomposición y de hipocresía conque muchas autoridades enfrentan la situación. Estoy seguro que el Ayuntamiento puede regular muchas cosas que están en la Ordenanza Municipal, como es liberar de obstáculos a las aceras, el transporte urbano, entre otros renglones, con una voluntad que podría estar al margen de la corrupción, porque hay cosas con las que no se debe jugar. A propósito de corrupción pregunto: ¿cuántas cosas podría hacer la Sindicatura si los regidores no se embolsillaran tanto dinero?. Por lo menos equipar a los bomberos o instalar academias de música. El problema de los Ayuntamientos no es presupuestario ni del 10% aunque sea justo que lo reciban para mejor desenvolvimiento, pero mientras tanto, se pueden hacer muchas cosas con lo que reciben tan pronto se elimine la corrupción. ¡QUE INGENUO SOY!

PROXIMA ENTREGA: DANIEL SANTOS PRESENTE EN LA GUERRA DE ABRIL.

sábado, 12 de septiembre de 2009

ABOGADOS INSACIABLES

Hay que admirar a todo aquel que estudia; a todo aquel que tiene deseos de superación personal. Lograr una meta deseada, debe llenar de satisfacción a quien ha ido en pos de ella. Pero ¿se mantiene la misma satisfacción cuando, al llegar, se encuentra con un status quo que le alienta a las prácticas anti éticas e inmorales?. Esto puede ocurrir a cualquier nuevo profesional en cualquiera de las áreas del saber; pero en materia de Derecho, en nuestro país la proclividad a dejarse vencer por la tentación es altamente posible.

No pretendo ejemplarizar todas las actividades profesionales que competen a los abogados, pues no soy especilista en la materia; pero como es precisamente a los que no somos especialistas que dichos profesionales más prestan sus servicios, estamos en capacidad de detectar una situación anómala, fraudulenta o injusta que nos afecte. Por eso, en lo que a los contratos de arrendamiento de viviendas o inquilinato se refoere, es fácil sentirse timados, tanto por un abogado, como por el propietario de un inmueble. Esta es una de las actividades más frecuentes con que se enfrenta un profesional del Derecho en nuestro país.

Vivimos en un país que, como en todos los subdesarrollados, las leyes se crean, pero no se aplican con toda justicia y, las que se aplican, se cumplen en función de una conveniencia coyuntural o en función de la importancia de los involucrados. La ignorancia por parte de un amplio segmento de la sociedad dominicana, de los deberes y derechos, es una ventaja a favor de los abogados que les permite "orientar" a conveniencia. En la ley de inquilinato, por ejemplo, un abogado está conciente que los depósitos en garantía deben depositarse en el Banco Agrícola; saben que ganarán intereses mientras exista el contrato de alquiler, sin embargo, es normal, a pesar de lo ilegal, que el propietario usufructúe el valor dado en depósito y, más aún, que al finalizar el contrato no sean devueltos esos valores. ¿Por qué, si los abogados conocen las leyes, se prestan a esas violaciones?.

Por otro lado, el abogado se beneficia de la ignorancia de la ciudadanía en cuanto a los honorarios que deben cobrar por la legalización de un contrato mediante acto notarial. Pueden cobrar un porciento, como pueden cobrar el equivalente a un mes de alquiler. Asi, si el alquiler está pactado en 15 mil pesos, olímpicamente el abogado notario se embolsilla una cantidad similar por un servicio cuyo costo real es el valor de unos sellos que no llegan a 200 pesos. En adición a semejante estafa, unos "buscones" o "corredores" lanzados a la calle para detectar cualquier propiedad en venta o alquiler, se dedican a mostrar los inmuebles, previo pago de la cantidad que se les antoje, de lo contrario, no muestran nada ni le indican el lugar exacto de la ubicación, no vaya a ocurrir que el interesado identifique al propietario, a quien inducen a no publicar letreros "Se Alquila".

Cuando se entra en negociaciones con el "buscón", éste le lleva a la oficina del abogado, quien le confirma todo cuanto le informó el intermediario corredor quien, además de ganar un porciento de lo que se le paga al abogado, le exige al inquilino una comisión adicional por la dedicación que puso en servirle. Logran sus objetivos, dependiendo del grado de ignorancia del inquilino. Esta situación anormal pero normal, no tiene ninguna instancia a la cual acudir con garantía de éxito. Simplemente es un desorden legalizado por la costumbre. ¿Qué pasaría si, al finalizar un contrato de alquiler, el inquilino exige ante las autoridades competentes, la devolución de sus depósitos, incluidos los interese que éstos generaron?. ¿Cuál sería el papel del abogado notario que intervino?. Aún cuando las leyes protegen teóricamente al inquilino de manera clara, éste no tiene garantías de que un reclamo suyo prospere.

Como las mercancías de consumo, los honorarios profesionales de cualquier sector, si acaso están sujetos a tarifas establecidas por ley, simplemente no se cumplen y no pasa nada. Encima de eso, el fisco es evadido muy a pesar de lo dificil que hoy resulta hacerlo. Se cuentan con los dedos de las manos las fortunas de los abogados apegados a las buenas prácticas. Una importante cantidad de los profesionales del Derecho, son auténticos mercaderes del engaño, que han desprestigiado una profesión llamada a ser noble e indispensable para el desenvolvimiento de la sociedad. La avaricia está haciendo su trabajo.

martes, 25 de agosto de 2009

MÉDICOS INDOLENTES


¿DE QUÉ SE QUEJAN LOS MÉDICOS?

Hay formalidades que se hacen de manera simbólica, como parte de un guión para una escena protocolar y nada más. Me refiero al famoso juramento hipocrático de los graduandos de las facultades de medicina de nuestras universidades, el cual ha degenerado en un juramento hipócrita. ¿Que soy muy exagerado?, creo que sólo uno de nuestros médicos lo juzgaría así. Los médicos dominicanos constituyen la clase más privilegiada de toda la sociedad nacional. Creo que ellos han sacado provecho en demasía al sistema económico que nos rige, injusto como el que más. Y aunque me estoy enfocando en los dominicanos, parece que es lo mismo en todos los países, por lo menos, en los de nuestra región y hasta en Estados Unidos, a juzgar por la enorme cantidad de médicos cubanos que realizan labores solidarias en países que concentran sus médicos en las urbes, y donde los más necesitados no tienen el derecho humano de la salud. Hoy en Estados Unidos, hay 47 millones de ciudadanos sin seguro de ninguna clase y unos 25 millones que sí lo tienen, pero de muy baja cobertura. Eso se debe simplemente a la indolencia del sector médico privado que nada más entiende y vive del lucro.

Que los médicos del sector público merecen un salario justo, es comprensible; pero son pocos los que sólo viven del salario que les paga el gobierno por unas pocas horas de trabajo no diario. Casi todos tienen sus consultorios en clínicas privadas o en algún local independiente, con una pequeña o grande área para chequeos rutinarios con uno que otro equipo modesto, quién sabe si adquirido por sus propios peculios. Que instalados en una clínica privada tengan que cubrir el costo que representa el espacio que ocupan, el uso de las facilidades como sala de operaciones, Etc., también es comprensible; pero ahí se da una injusticia que parte de los propietarios de clínicas, en su mayoría, evasores de impuestos y negadores de servicios de emergencia a cualquier hijo de nadie. Son verdaderos mercaderes de la salud, responsables de la ineficiencia oficial al realizar labores que pueden calificarse de sabotajes contra los hospitales públicos.

"Para eso me quemé las pestañas", es la justificación por excelencia, obviando que, si estudió en una universidad estatal, su costo fue pagado en alta proporción por los ciudadanos; si lo hizo en una privada, también todos los dominicanos pagamos alguna proporción, debido a que todas esas universidades reciben ayuda del Estado, no importa cuán elitistas sean. Que sus especialidades o post grados les haya costado toda una fortuna, podría comprenderse también; pero ¿cuántas veces piensan recobrar esa inversión a costa de quienes trabajan duro para mantenerse vivos?. Pero lo más indignante es que los médicos practican y aprenden con los cuerpos de los pobres; con los cadáveres de los pobres, a quienes luego les niegan el servicio o se lo dan a regañadientes.

Luego aparecen empresas intermediarias de seguros que, por tan sólo administrar los recursos de los asegurados, se llevan una proporción mayor a lo que representan los honorarios médicos, los servicios y los medicamentos, toda vez que no hay una cobertura para las efermedades y medicamentos de mayor costo. Por su parte, un médico establece el precio de su consulta con toda libertad, no hay regulaciones al respecto. El médico cobrará la diferencia o complemento de su consulta de acuerdo a su criterio, lo cual perjudica al usuario, pues el seguro pagará el completivo en base a la tarifa establecida. Luego, si el médico, en un momento dado, decide aumentar el precio de la consulta, en la misma proporción exigirá el completivo al usurario. Llegará entonces el momento en que una consulta se encarecerá tanto, que no sabremos si vale la pena estar asegurado. Nadie nunca ha regulado esta práctica; es un privilegio irritante y perverso.

Nadie controla eficientemente las prácticas médicas. Si acaso las hay, las estadísticas sobre la cantidad de cesáreas por X cantidad de casos, estoy seguro que arrojarían una proporción como la que denunción Hugo Chávez en Venezuela: siete de cada diez. Una cesárea en Venezuela cuesta catorce mil bolívares (cerca de cinco mil dólares y cerca de ciento ochenta mil pesos dominicanos). Ante tan atractivo monto, la ética profesional y el juramento hipocrático, son pura basura. Siempre aparecerá una justificación para practicar cesáreas: de un tiempo a esta parte, casi todos los fetos están a punto de ser ahorcados con el cordón umbilical, o el feto se mueve tanto, que hace una maroma en el vientre y se atraviesam, o bien la mujer se equivocó al informar al médico en los inicios del parto, Etc. Etc. Nadie está en capacidad de contradecir al médico, sus conclusiones son "santa palabra". Después de todo, el dinero tiene que aparecer aunque tenga que hipotecar la casa, vender su vehículo o atracar un banco.

Recientemente acudí a una cita médica. Según mi seguro, debo pagar nada más trescientos pesos por la consulta (aunque no entiendo por qué en otros casos sólo he pagado doscientos), pero el médico, que a los no asegurados cobra dos mil pesos, me hizo pagar quinientos. Me indicó análisis que debía entregarle al día siguiente. Tuve que pagar otros quinientos. Me inició un tratamiento para dar seguimiento al nivel de azúcar, por lo que debí volver al mes siguiente cuando, obviamente, debí pagar otros quinientos. No me indicó análisis de laboratorio para comprobar el nivel de azúcar, sino que me pinchó un dedo y tomó una mínima muestra de sangre. En cuestión de segundos, concluyó: "su azúcar está en buen nivel, no debe preocuparse". A seguidas escribió en un papelito la cifra de RD$200.00, por concepto de esa prueba relámpago y agregö: "pague esto a la secretaria". Pagué los doscientos al tiempo que veía la cantidad de pacientes en espera, por lo menos diez, más unos cuatro que me habían antecedido. Hice un rápido cálculo de los ingresos de ese médico: treinta mil pesos, sólo en consultas de la primera tanda. No sé si lo mismo se repitió en la segunda.

Mientra todo esto ocurre, hay un Colegio Médico que funciona más como sindicato que como colegio, infectado por intereses políticos, nada solidario con los demás trabajadores de la salud, como paramédicos o enfermeras. Cada presidente del colegio, sólo quiere el supuesto prestigio que representa ser su presidente, destacarse en una actividad más bien azuzada por entes opositores de turno. Pero la máscara se le caería pronto a cualquier ex presidente del Colegio Médico Dominicano, si, como ya ha ocurrido, es nombrado como Ministro de Salud Pública. Se aplica, en casos así, que "una cosa es con violín y otra con guitarra". La sinceridad es un mito.

En la próxima entrega, les toca el turno a los abogados, en lo que respecta al reglón alquileres. Hasta luego.

martes, 14 de julio de 2009

RECORDANDO AL PADRE GUILLERMO

Corría el año 1957, cuando el párroco de la iglesia Santa Ana, de Consuelo, solicitó mi presencia y la de mi hermano Mirito; yo, recién cumplía 9 años, Mirito, 11. Guillermina, mi hermana mayor, nos comunicó el mensaje. Acudimos de inmediato a la Casa Curial, ubicada a escasos metros de la iglesia. Una casa hermosa, de ladrillos y tejas, con una terraza cubierta por una enredadera de vid (uva); piso de granito y una amplia sala con una mesa rectangular para reuniones en su centro, rodeada de butacas en caoba y cuero. A todo lo largo de las paredes, otras butacas en mimbre y rattan que, para la época, era un lujo en cualquier residencia. Nunca había visto muebles iguales, como tampoco nunca había entrado a oficina alguna, hasta que el padre Guillermo nos invitó a la suya. Un amplio escritorio en caoba, sobre el cual descansaban una pequeña máquina de escribir Remington y una lamparita con cuello flexible para moverla a conveniencia. A sus espaldas y en la pared lateral a su derecha, sendos ventanales que esclarecían perfectamente el pequeño cuarto. A su izquierda, a todo lo largo de la pared, una biblioteca bien surtida descansaba sobre un mueble gavetero, todo en caoba bien lustrada. Debo decir que nunca subí, en tantos años, a la segunda planta, donde estaban los dormitorios y no sé que más.

Nos extendió sendos caramelos que ingresaron a nuestros bolsillos al tiempo que coreabamos: “Gracias, padre”. Nos alternaba su mirada azul acompañada de una sonrisa que dejaba ver sus dientes ligeramente manchados de nicotina mientras se disponía a sacar un cigarrillo "Chesterfield" de su cajetilla. De inmediato nos abordó: “Quiero que cooperen conmigo…” (pausó para encender el cigarrillo) “…pues tengo acólitos (monaguillos) adultos que no cooperan lo suficiente y ya están por trabajar y gozar. Necesito jovencitos, como ustedes”. Nos miramos un tanto entusiasmados, con la sonrisa espontánea de la inocencia. Continuó el siguiente diálogo:

Padre: - ¿Cuáles son sus nombres?

Mirito: -El se llama Romy y yo Mirito

Padre: -¿Romy? Casi es ron, ojalá nunca te guste tomar ron

RISAS

Romy: -No, a mi papá es que le gusta.

Padre: -¡Oh! El no asiste a la iglesia, ¿verdad?

Mirito: -No, pero mamá si.

Padre: -Bueno, yo estoy para trabajar con las familias, veremos qué podemos hacer. Mientras tanto, quiero que ustedes sean mis ayudantes y que me consigan otros de sus edades. ¿Me lo prometen?

Dúo: -Sí, padre.

Nos mostró una foto con unos veinte sacerdotes de su congregación, la Scarboro Foreing Mission, de Canada, colocando un dedo índice sobre su rostro en la foto, luego lo rodó un poco más y lo detuvo sobre el rostro del cura al que él sustituyó un año antes, el padre José. A seguidas nos dijo: “Quisiera estar aquí muchos años, me gusta el lugar; pero a nosotros nos mueven mucho. Eso me borró una sonrisa que tenía dibujada desde que llegué a la cita, tal vez porque presentía que éste hombre de baja estatura, fornido y agradable, iba a incidir de alguna manera en mi personalidad en formación. Y así sería. Lo primero que debíamos hacer, era integrarnos los domingos, después de la misa de la mañana, al catecismo que impartían monjas procedentes del colegio San Benito Abad, de San Pedro de Macorís. Todo iba muy bien. Las monjas eran muy alegres y juguetonas.

Un día de finales de octubre del año 1957, el catecismo dejó de impartirse abruptamente, de lo cual me sentí culpable. Aquel domingo, una de las monjas nos dijo: “El mundo se acabará con fuego por toda La Tierra. Los buenos se salvarán del fuego subiendo hacia el cielo, mientras los malos no podrán subir y quedarán quemándose.” Un jovencito de nombre Manuel Ramón Monegro, preguntó: “¿Es verdad lo que dicen, que cuando se vaya a acabar el mundo se verán muchas cosas raras?”. “Sí –contestó la monja- los animales hablarán, las máquinas andarán solas y se secarán los ríos, mares y lagos. Cuando vean esas cosas, es que el mundo se está acabando”. Eso se quedó grabado en mi memoria. Antes del próximo domingo, Manuel Ramón y yo creímos ver una de esas cosas raras. Atravesamos la extensa área verde frente a la iglesia hacia un colmado, para comprar una cajetilla de “Chesterfield” para el padre. Detrás del colmado está la vía férrea, punto en el cual hay una pendiente que provoca que el tren adquiera velocidad por gravedad. Para aprovechar esto, la máquina es descolgada del primer vagón para que el tren siga sin su impulso directo. Intenté halar una caña de los primeros vagones, pero me atemoricé por la velocidad, mientras se acercaba el último vagón que estaría colgado a la máquina. No había tal máquina. De inmediato mi amigo recordó a la monja; un tren corriendo solo. Para quien no entendía el por qué, es algo de esas cosas raras que pasarían próximo al fin del mundo. Acudimos a la Casa Curial:

M.Ramón: -¡Padre, vimos algo raro. Un tren corriendo solo, sin la máquina.

Padre: - ¿Qué tonterías dices, muchacho, dónde están mis cigarrillos?

Yo: -¡Ay padre, creo se me cayó la cajetilla por halar una caña, voy a buscarlos.

Padre: -No, espera, díganme que pasó.

Le expliqué el episodio de aquel domingo en el catecismo.

Padre: -¿Eso les dijo la monja?

Yo: -Sí, padre, porque Manuel Ramón le preguntó si era eso verdad.

Lo noté molesto. Me pasó la llave del garage: "Ve, abre el garage". Nos montamos en su Land Rover, rumbo al colmado. Bordeando la carretera, se desplazaba la máquina a unirse de nuevo al tren:

Padre: -¿Ven? Como eso es una bajada, sueltan el tren desde lejos, para que corra solo, luego que pierde velocidad, lo unen de nuevo.

No apareció la “Chesterfield”. Compró otra y seguimos rumbo a San Pedro.

Nunca había entrado al colegio San Benito Abad, un edificios grande y hermoso, Penetramos a una área de espera y, poco después, nos recibió la Superiora, muy sonriente, sonrisa que no fue correspondida por el Padre; tampoco por nosotros, ya que presentíamos que tendríamos que testimoniar lo ocurrido. Ante tal actitud, la Superiora cambió su sonrisa por un ríctus que expresaba curiosidad y asombro a la vez, al tiempo que inquiría:.

Superiora: -¿Pasa algo, Padre?

Padre: -Por supuesto que sí. No envíen a las monjas ni éste ni los demás domingos: NO HABRA MAS CATECISMO.

Superiora: -¿Puede explicarme, Padre?

Padre: -Ya se lo explicará el informe cómo enseñan ustedes el catecismo.

Dió la espalda. Me quedé ensimismado viendo a la Superiora encogerse de hombros, al tiempo que me miraba, como pidiéndome una explicación. El padre Guillermo me haló. El tenía problemas cardíacos; lo ví tan molesto que me asusté. Se sentó un momento soportando el volante:

Yo: -¿Qué le pasa, padre?

Padre: -No, nada. No me hablen ahora.

Unos minutos más tarde, puso en marcha el Land Rover hacia el centro de la ciudad. Tuvimos que esperar el paso de una máquina de vapor, remolcando un largo tren. Luego tomó rumbo a la desembocadura del Higüamo. Primera vez que vi ese hermoso paisaje. Allí nos detuvimos por largo tiempo. El meditaba y aspiraba aire del mar. Por fin habló: “Las monjitas de mi país son diferentes”. Poco tiempo después, a principios de 1960 o finales de 1959, no recuerdo bien, comprobaría esta verdad: monjas canadienses llegaron a Consuelo y fundaron el Colegio Divina Providencia". Sobre éstas monjas y sus méritos, escribiré en alguna ocasión.

Regresábamos ya a Consuelo. Habíamos recorrido la mitad del camino, cuando nos encontramos con cientos de jinetes obstruyendo el paso. Eran los Jinetes del Este que avanzaban hacia Santo Domingo al desfile en honor a Trujillo por su cumpleaños, el 24 de octubre. Eso descompuso de nuevo su estado de ánimo: “Dios, ¡qué día!. ¿De qué me valió el aire del mar?”. Cuando, por fin pasó la última fila de jinetes, murmuró:

Padre: -Algún día tú entenderás.

Yo: -¿Qué, padre?

Padre: -No te preocupes, algún día te explicaré, por qué hacen todo esto.

Yo: - Ellos van al cumpleaños del Jefe.

Padre: - (Callado). Manuel Ramón, aunque mayor que yo, tampoco entendía nada.

Pocas semanas después de todo ésto, una tragedia me impresionó tanto, que jamás he podido olvidarla. Manuel Ramón Monegro murió destrozado al caerle la bola de acero de una grúa, partiendo su cuerpo en dos. Era la primera vez que veía una persona muerta de manera tan atroz. No soporté ver su cadáver por más del segundo suficiente para la impresión. Soporté la cruz parado frente a su ataúd, mientras el padre Guillermo le rociaba con agua bendita.

William Matte, era el nombre correcto del padre Guillermo. De abundante pelo de finas y blancuzcas hebras, lucía un peinado muy usado hasta hace poco por los jóvenes de hoy; consistía en una raya en el centro del cráneo que dividía en dos el pelo y lo lanzaba a izquierda y derecha. Era extremadamente disciplinado: leía en las noches, después del Santo Rosario, caminaba en las mañanas, antes de la misa de las siete, cultivaba hortalizas durante todo el año; fue quien me hizo saber que la zanahoria le hace bien a la vista. Leía el periódico El Caribe, el único de la época, todas las mañanas después de la misa y durante el desayuno. Muchas veces no recibía el periódico y me hacía buscarlo. Un día me dijo: “Es muy poco lo que hay para leer”. Le contesté: “sólo leo los muñequitos: Trucutú, Mandrake el Mago, El Fantasma…” Me interrumpió bruscamente: “No leas esas cosas”. Me tomó de la mano y me llevó a su oficina: “Toma, lee éste libro”. Leí el título: “El Express Pony”. “Cuando termines -dijo- quiero saber si lo has entendido.” “Está bien, padre”, contesté. Favoreció mucho que iniciaban las vacaciones de 1958; lo leí en cuatro o cinco días dos veces. Al devolverlo, me hizo leer en su presencia y en voz alta, unas cuantas páginas: “Lees muy bien, ahora a ver si entiendes: ¿Qué relación hay entre el pony y su jinete?”. “Que el niño y el pony son pequeños y por eso se quieren mucho”. Se quedó pensando brevemente, antes de continuar: “¿Por qué el niño utilizó a su pony para repartir cartas?”. “Porque veía al cartero de verdad en su caballo grande llevando las cartas de pueblo en pueblo”. Me prestó otro libro, otros más, infantiles todos. Los leía en el inmenso y hermoso patio de la iglesia, bajo los árboles frondosos de laurel, caimito o toronjas.

El leía, como dije, en las noches, junto a una mesita ubicada al lado de una cómoda butaca; de la parte atrás salía una lámpara de largo cuello. Sobre la mesita amanecía el libro, por lo cual, un día, pude ver, en la portada, lo siguiente: "José Ingenieros - Hacia una Moral sin Dogmas". No puse interés alguno, pues no sabía el significado de las palabras "Moral" y "Dogmas"; sólo me llamó la atención el apellido Ingenieros. Tres días consecutivos estuvo ese libro sobre la mesita. Vi muchos títulos a lo largo del tiempo; pero ninguno me llamaba la atención, pues eran libros para adultos.

En sus prédicas nunca involucró la política, pero dió a entender que era anti trujillista. Me he preguntado cuál hubiese sido su reacción al verme militar en un partido de izquierda; pero también me pregunto si yo me hubiese alejado de la Iglesia de no haberse él marchado. Y es que después de él llegó un cura muy introvertido, que por suerte duró poco, el padre Miguel. A éste le siguió el padre José King (no el de Ocoa); éste era ex capellán del ejército de su país; admirador de Trujillo. De labios del padre King me enteré de la muerte de Trujillo. Lo noté muy triste al comunicarnos la noticia a un grupito de jóvenes que lo esperábamos para una reunión, la cual se interrumpió.

Sentí honda tristeza cuando partió el padre Guillermo. Entrado el año 1959, me dijo: “Me voy”No lo pude despedir; se fue sin despedirse, un día cualquiera de abril de 1959.Ya el padre Guillermo no estaba, ni en Consuelo ni en éste mundo. El padre King me sorprendió con la noticia de su muerte, a bordo de un avión rumbo a Canada; murió de un infarto, jugando a las cartas para matar el tiempo; pero el tiempo siguió su curso, quien murió fue él.


Nueve años más tarde, un señor de nombre Jorge Puello Soriano, alias El Men, dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), puso en mis manos un libro, con la encomienda de pasarlo a otros compañeros del Partido. En cuestión de segundos volé al pasado; estaba de nuevo ante la mesita, al lado de la cómoda butaca del padre Guillermo, leyendo aquel titulo: "José Ingenieros - Hacia una Moral sin Dogmas".

domingo, 21 de junio de 2009

EL TELEFONO Y LA CORTESIA

Los precursores de la telefonía, desde que se conoció el primer esbozo en 1854, hasta que se materializó la idea, en 1877, pudieron imaginar que ese indispensable recurso tecnológico se masificaría, resolviendo un problema de comunicación que, hasta entonces, dependía de la movilidad en vapores, máquinas de vapor, el lento telégrafo o el noble y queridísimo caballo.

Fueron tareas del francés Charles Bourseul, quien planteó la idea en 1857; de los norteamericanos Alexander Graham Bell, inventor en 1877 y Edwin T. Holmes, precursor, en el mismo año, de las conexiones entre dos o más teléfonos y que dió origen a la primera central telefónica en Boston, Massachusetts, a partir de un sistema de alarmas para ladrones inventado por él mismo. Lo que no ha sido tarea de éstos precursores es la forma o comportamiento de los usuarios; ya ésto es asunto de la cultura de éstos, de sus modales y del sentido de la cortesía que pueda haber cultivado, lo que se logra con la educación y las relaciones interpersonales.

Procedo de San Pedro de Macorís, ciudad en la que en 1884, es decir, siete años después de lo acontecido en 1877 y 27 a partir de 1857, se instaló la segunda central telefónica del país; la primera fue Santo Domingo. La historia de la telefonía en nuestro país recoge la primera conversación desde Santo Domingo a San Pedro, entre el presidente Ulises Hereaux (Lilís) y Francisco Gregorio Billini. Pero fue en San Pedro donde se instalaron los primeros teléfonos automáticos, aquellos que tenían un dial numerado. Y, de donde realmente procedo, del Ingenio Consuelo, en la misma provincia, la telefonía existió también temprano, gracias a la compañía norteamericana West Indies Sugar Co., al igual que en los demás ingenios del entorno.

En las conversaciones telefónicas, la cortesía prácticamente es automática y espontánea, si quienes están comunicados son personas educadas. El saludo inicial, tal y como si llegáramos a algún lugar a entrevistarnos con alguien; frases introductoras que van a impregnar buen ambiente al desarrollo del objetivo central de la llamada, así como una despedida cortés y alentadora para próximas comunicaciones, resumen el protocolo para una conversación telefónica respetuosa y agradable. Resulta sumamente desagradable una forma tosca de contestar con un "Alóó", así de estridente, como doble acentuado, y a seguidas preguntar: "¿Quién habla?", en lugar de ahorrarse ese "Alóó" y simplemente decir, según sea: "Buenas tardes", pues quien llama estará en la obligación de contestar el saludo e inmediatamente identificarse.

El tono de la voz es muy importante. Hay quienes, como yo, tienen problemas auditivos y tienden a hablar más alto de lo normal, aunque muchos lo hacen por mala educación, lo cual suena también desagradable; pero hay quienes hablan extremadamente quedo y resulta igualmente desagradable, pues da la impresión de desgano o de pocos deseos de conversar con quien le ha llamado, dando respuestas tajantes, escuetas y dejando intervalos de silencio expresamente para inducir al interlocutor a terminar la llamada. Al colgar lo hacen con rapidez y brusquedad, de manera que es percibido por el otro, que ha colgado más despacio. Eso lo he vivido en carne viva; no escondo que a veces, molesto por algún desaire o apatía por parte, casi siempre de personas estimadas, he colgado brúscamente.

Escoger las horas para llamar también tiene su importancia. Lo ideal es conocer, si se trata de amigos o relacionados y por medio de éstos, cuáles son las horas disponibles en su agenda diaria. Lógicamente me refiero a llamadas de índole personales o en sus horas laborables, pues nadie preguntaría a una farmacia si le puede llamar o no. Pero ocurre que hay personas a las que no se les puede llamar a su trabajo para no interrumpirlos, pero tampoco a sus casas porque llegan muy cansados. Si quiere comunicarles algo importante para él mismo, tendría que esperar que salga de él llamarle.

Enseñar a los niños cómo contestar el teléfono es determinante para sus buenos modales. Es muy frecuente llamar y hallarse con un niño contestando de manera inadecuada y que desesperan, pues no informan nada y tardan en llamar a la persona deseada. Hace tiempo recibía llamadas insultantes por parte de unos niños que gozaban su travesura; pero las palabras que usaban eran muy obsenas. Las llamadas se repetían con mucha frecuencia varias veces al día durante toda una semana, pero no contábamos aún con el recurso de poder identificarlas en pantalla. Lo que sí se podía hacer era informar a la telefónica por vía de la Policía Nacional, que le autorizaba a intervenir el número molestoso. Así pude descubrir el hogar del que procedían las llamadas. El padre de los niños se presentó en mi casa a excusarse, al tiempo que me aseguraba que la sirvienta los inducía a hacer eso, que era quien le decía las palabras obsenas.

Pero hay adultos también. En otra ocasión me ocurrió lo mismo desde el teléfono de una persona muy conocida aquí en La Romana y ante la Policía negó el hecho, pero el oficial tenía el informe de la telefónica que lo dejaba sin argumentos. Y para que vean por dónde anda la educación en estas cosas, un día marqué un número equivocado y se produjo el siguiente diálogo:
-Receptor: Alóó ¿Quién es? (claro que omitía las "s" siempre)
-Yo: Buenas tardes
-Receptor: A quién llama (no me contesta el saludo)
-Yo: Bien, por favor, me puede comunicar con R...
-Receptor: ¿Quién diablos es R..., aquí no vive ninguna R...¡CRAK!
¡INCREIBLE!

Con simples frases de cortesía se evaden situaciones no deseadas. La ofensa se produce voluntariamente si nos disponemos a ofender; pero también se produce involuntariamente, si no pensamos antes de ofender. Luego tenemos que dar disculpas, que no siempre concencen y queda registrada la actitud para el futuro. Hoy día podemos ver en pantalla el número del cual se llama, tanto en celulares como en aparatos fijos. Considero más prudente no contestar si no lo deseamos, pero lo que no debemos hacer es "tumbar" la llamada, pues eso se nota y resulta, a mi modo de ver, no sólo falta de delicadeza y educación, sino que es un acto irrespetuoso. Muchas personas en reuniones de trabajo mantienen encedidos los celulares. Lo mejor es apagarlos, pues se entiende que si no lo puede usar, debe evitar que suene en plena reunión. Entonces lo que hacen es que interumpen la llamada, ven de quién se trata y le devuelven cuando termina la reunión. El aparato apagado registra las llamadas como perdidas; pero prefieren ocurra aquello, pues se creen que, ante sus compañeros, se ve como resultado de cuán importantes son.

Lo más increíble de todo esto es que hay personas educadas para algunas cosas, pero para éstos casos y muchos otros son bestias parlantes. Tenemos personas "profesionales", con presencia en instituciones sociales, políticas y culturales que eligen cuándo deben exhibir su buena educación y cuándo deben mostrar lo que realmente son. Todo dependerá del ambiente, de cuán importante sea su interlocutor y hasta su "amigo". Es como aquel que, en su casa, come con la desesperación grosera de un perro muy hambriento y pretende hacerlo distinto en un banquete. Si nos educamos debemos hacerlo para que nuestra educación hable por sí sola en toda circunstancia y lugar. Nadie es más importante que los demás; nadie está exento de las vicisitudes; todos conocemos el pasado, y el presente, hasta el minuto que precede al siguiente; de ahí en adelante, nada conocemos. "LAS TORRES QUE EN EL CIELO SE CREYERON, UN DIA CAYERON POR LA HUMILLACION".

sábado, 20 de junio de 2009

REFINERIA Y CEMENTERA: LAS DIFERENTES OPINIONES

Ante tantas opiniones de partes interesadas coyunturalmente, sobre los dos
últimos grandes problemas de índole económicos, desde mi humilde rincón
de éste blog, quiero expresar mi parecer. Muchos, como yo, han
dado seguimiento a ambos casos, pero me permito sugerirles
analizar con cuidado las opiniones tomando en cuenta quiénes
opinan, cómo tradicionalmente han opinado sobre temas
de similar trascendencia; pero además,
cómo han actuado si, en el pasado,
les ha tocado ser actores directos.
:

Y aunque todo el mundo tiene derecho a opinar, hago tal introducción precisamente porque he visto cómo personas moralmente descalificadas esgrimen un patriotismo hipócrita y de doble moral, tal vez porque no les ha tocado esta vez ser partes beneficiadas. Hablaré claro: he dicho en varias ocasiones mi decepción de todo el sistema tradicionalista representativo. En una época que se habla de alternativas (que no debe confundirse con alternabilidad), lo lógico es que un país llevado y traído desde siempre sobre el lomo del mismo caballo, que sólo cambia de montura, sin que éste lo lleve a un destino definido, opte por cambiar de caballo y de montura. Sin embargo no parece será así por mucho tiempo más, dado que la población es confundida con facilidad con los discursos de quienes les toca ser oposición. Desempolvan todo tipo de retorica patriotera, aparecen "lideres" con ínfulas de libertadores, caritas de ángeles apostando a que los dominicanos hemos olvidado sus fechorías: el Rocash, los invernaderos, el escándalo Baninter, el caso Quirino, Pepe Goico, la mansión de Hipólito, el Plan Renove, el contrato de venta de Unión Fenosa, las payasadas de Hipólito, Etc., Etc. y muchos más Etcéteras. Todo esto esperaba revertirse, castigarse, pero de más de 30 auditorías, no se tiene conocimiento de ninguna; no hay tiempo para sacarlas y cumplir las leyes, pues ya tampoco hay moral para hacerlo. Y es justamente lo que duele: PUEDE VOLVER EL PRD.

La desconfianza que inspira el Gobierno Dominicano por sus yerros, es lo que despierta tantas polémicas cada vez que se anuncia un proyecto de los que llevan el prefijo "mega" y de los que tienen que ver con asuntos de carácter estratégico, como la energía y el medioambiente. Dado que los proyectos de tal naturaleza dejan jugosas ganancias a los involucrados burocráticamente (que no son simples empleados públicos), se pierde el sentido de la honestidad hasta el extremo de hacer realidad los mega proyectos "por encima de la cabeza de quienes se opongan", sin siquiera preocuparse por demostrar transparencia. Nadie nunca ha cuestionado si son o no necesarios dichos proyectos (excepto la isla artificial), el problema está en las formas con que los imponen; en la falta de genuino consenso, pues la población sólo se consulta para elegir autoridades, elecciones que son resultados, no de lo que digan las conciencias, sino de la manipulación a los votantes, por lo cual, el concepto de representatividad es sólo teórico, que adquiere legalidad mediante proposiciones y argumentos capciosos.

El sistema representativo, teóricamente divide en tres los poderes del Estado, pero en la práctica hay un sólo poder que impone sus criterios a conveniencia. En el caso de Refidomsa se hace caso omiso de la ley en cuanto a la forma. No se trata de que no se venda 49% de las acciones de Refidomsa a Venezuela, simplemente se exige que las cosas se hagan atendiendo a la Constitución y las leyes. Lo lamentable es que no se hayan explicado al país los pormenores, lo cual no corresponde hacerlo al gobierno de Venezuela. Siempre la población ha visto bien que sea Venezuela el socio, a propósito de la relación ya existente por medio de Petrocaribe, pero también por el hecho de que es Venezuela nuestro principal suplidor de siempre. Vicente Bengoa adelantó que el Estado dominicano recibirá 130 millones de dólares en efectivo, pero se critica que no se hayan dado a conocer aspectos como la tasación y demás detalles; pero también que se obviara al Congreso. ¿Qué costaba hacerlo?.

El grito lo ponen más allá de las nubes los empresarios dominicanos que quieren parte del pastel que dejó la Shell. Ocurre que la Shell se llevaba sus jugosas ganancias con todo y lo obsoleta de la refinería, cosa que salió a relucir poco en tantos años; pero nadie debe extrañarse que por estar Hugo Chávez en escena, salgan a relucir todas las inmundicias que se les ocurra decir a los detractores. Petrocaribe, en lugar de beneficiar a la población al transferirse sus ventajas al consumo, beneficia a los que comercializan los combustibles y al gobierno, que mantiene precios injustos; que los grava con un impuesto especialmnente creado para pagar una deuda eterna que crece cada vez más, pero peor si no fuera Venezuela nuestro socio. Apena decirlo, pero creo que somos el único país que no da el uso adecuado a Petrocaribe.

Los voceros de los empresarios dominicanos, quieren meter miedo con una supuesta pérdida de ls Soberanía en favor de Venezuela, cosa que nunca se esgrimió ante tanto saqueo de las transnacionales estadounidenses o europeas, siendo Estados Unidos el único país que ha agredido militar y políticamente al nuestro (para el caso, no cuenta Haití). Todo lo contrario, las intervenciones de 1916 y 1965 ocurrieron con el beneplácito de nuestros empresarios. ¿Cómo olvidar que tomaron nuestras aduanas en 1905 para cobrarse la deuda contraída por Lilís?. Es lo que se llama pura agresión económica. Venezuela como socio tiene que ser más ventajoso que los propios empresarios dominicanos que, simplemente, reeditarán a la Shell: todo para sus bolsillos con todo y Soberanía. SOLO SE NECESITA TRANSPARENCIA Y QUE SIGA EL NEGOCIO.

En cuanto a la cementera, la lucha debe ser para que la instalen en otro lugar. He recibido numerosos correos; he visto en la prensa decenas de artículos, comentarios en TV y he conversado al respecto con varias personas. ¿Cuántos estamos siendo sinceros en este tema? ¿Por qué dejar solos a unos campesinos desalojados y a un pequeño grupo de universitarios protestando in situ?. La prensa a favor, cumple su cometido; pero la defensa de Los Haitises amerita acciones directas de toda la población, al estilo de los nativos de la Amazonia Peruana. Como no tenemos ese espíritu tan radical, ni esas conciencias tan claras, por lo menos deberíamos pasar un fin de semana acompañando a quienes están en el centro del problema, aunque sea por "canear", como le gusta a muchos dominicanos. Se trata de un bien común, no sólo para el país, sino para la región caribeña y el planeta.

Uno se pregunta ¿y el Congreso, acaso no tiene jurisdicción? Ellos nos representan y ven pasivamente cómo todo el mundo se opone. ¿Recuerdan lo que digo más arriba sobre la representatividad?. Entonces, a falta de todo eso, ¿dónde están los líderes genuinos capaces de promover un desplazamiento de todos los habitantes de todas las regiones del país, para que hagan presencia en el batey Gonzalo?. ¿Cuáles periodistas, de esos que gobiernan la mañana y la tarde, desde sus programas radiales o de TV se atreven a hacerlo?. No lo hago yo, porque no tengo, sino este humildísimo blog.

VEA OTRAS OPINIONES: La venta de Refidomsa - Campamento en solidaridad con Los Haitises - Los Haitises son un Canto de la Naturaleza


martes, 9 de junio de 2009

TLC-PERU Y RD-CAFTA: LA AMAZONIA Y LOS HAITISES

"Los políticos capitalistas toman en cuenta a los ciudadanos para llegar al poder
por via de la legalidad por ellos establecida; pero una vez en el poder,
esos mismos ciudadanos son víctimas de esa legalidad".
(RGV)


Una vez más me pregunto: ¿para qué sirve una Constitución en países dependientes?. Recuerdo la estrategia del PRD en tiempos de Juan Bosch: llevar al gobierno de Balaguer a su propia legalidad. Era lo mismo que decir: "si esas son tus leyes, por lo menos cúmplelas". Pues ni eso se hacía. Se esgrimían a pura conveniencia, pues según Balaguer la Constitución "en nuestros países, es y será por mucho tiempo aún, un simple pedazo de papel". Un acuerdo o tratado internacional puede contradecir a la Constitución, sin importar cuán dañino sea; claro que nunca se dirá que sea dañino, pues lo revisten de panacea. Así, los TLC con Estados Unidos son más sagrados que las Constituciones; los he calificado de "trampa peligrosa".

Lo más inidgnante es que los gobernantes saben perfectamente que se trata de signar compromisos en desigualdad de condiciones, donde la competitividad se daría en casos específicos; muy escasos. ¿Puede, real y efectivamente, una empresa dominicana, de cualquier país de Centro América o Sud América, siquiera pensar instalarse en una área protegida de Estados Unidos o Canadá?. ¿Permitirían esos Estados la destrucción del hábitat del reducto indígena que de lástima dejaron?. En Perú no se trata de un reducto cualquiera; no simplemente de una reserva indígena, sino además de la destrucción de una zona ubicada en la Amazonia Peruana, la segunda eco-región más importante de la selva amazónica, después de la ubicada en la Amazonia Brasileira.

Sólo en en la provincia hoy en conflicto, es decir, en Bagua, la riqueza acuífera es impresionante. Es precisamente el agua, un elemento que figura en las estrategias de Estados Unidos hacia América del Sur. Aunque hoy los conflictos en Perú están relacionados con instalaciones petroleras, tras tales motivos hay ulteriores proyectos de apropiación de fuentes acuíferas. Podríamos decir, más bien, que tanto el petróleo como el agua, son el centro de la cuestión y serán los verdaderos motivos de los grandes conflictos del futuro inmediato. Aunque hay otros lugares con mayores recursos acuíferos, como es la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, no existen acuerdos de libre comercio que faciliten las apropiaciones. De ahí la importancia de Perú y luego Colombia, países que no están en consonancia con las políticas que enfrentan a Estados Unidos en la región. Pronto veremos firmado el TLC con Colombia.

Ya Alán García no niega que los famosos decretos que se ha visto obligado a suspender fueron motivados por los acuerdos del TLC. Ya conocemos las penurias del campo mejicano a propósito del primer TLC con E.U. y Canada; sabemos, por igual, que los conflictos ocurridos recientemente en Colombia entre indígenas y el gobierno, se originaron por medidas para congraciarse con el TLC pendiente de aprobación por el Congreso de E. U. Así, de conflicto en conflicto, se desenvolverán los acontecimientos, en la medida que se vayan aplicando las políticas comprometidas con los Estados Unidos, por decisión de los gobiernos y los congresistas.

¿Qué pasa con Los Haitises? Lo mismo que pasa en la Amazonia Peruana. La diferencia es simplemente que aquí no tenemos indígenas, sino criollos que han estado trabajando esa fértil tierra y que, además han sido desalojados por la fuerza sin mayores consecuencias. La lucha por salvar Los Haitises será árdua, en la medida que se integre toda la sociedad conciente, pues los campesinos, por sí sólos, son presa fácil de los poderosos. Pero hay mucho de común con la zona amazónica pueruana: fuente inconmensurable de agua, biodiversidad, paisajismo inigualable, pulmón natural de media isla y destino turístico envidiable.

Hoy la lucha en Los Haitises, como en Bagua, Perú, es para impedir la instalación de industrias dañinas para la naturaleza. En nuestro país nadie ha relacionado la instalación de una fábrica de cemento con el RD-CAFTA, tal vez porque no ven la mano de Estados Unidos en el proyecto. Pero tengo la percepción de que lo de la cementera tiene otros objetivos ulteriores que, por el momento, no se ven y no se podrán desligar del RD-CAFTA. Tenemos en nuestro país experiencias suficientes para que ahora sospechemos de proyectos futuristas que seguirán a la cementera. Tanto nuestros oligarcas como los inversionistas extranjeros han incursionado en grandes negocios a partir de una inversión inicial que no guardan relación alguna entre sí.

Tenemos ejemplos en los bancos, que han expandido sus inversiones hacia empresas de medios de comunicación, Etc., convirtiéndose en grupos económicos oligopólicos. El Central Romana, a partir de su industria azucarera, incursiona en la agroindustria y la hotelería. Y aunque no se ha anunciado oficialmente, es un secreto a voces las intenciones de la familia Cisneros, magnates mediáticos venezolanos y dueños de numerosas empresas de diferentes índoles, de desarrollar un ambicioso proyecto turístico en la zona de la Bahía de Samaná, no lejos de Los Haitises. Por lo tanto, la terquedad de instalar una cementera en una zona "protegida", no debe ser para producir cemento y nada más. El Central Romana es dueño de medio Este, los Cisneros se adueñarán de una buena parte y los santiagueros Estrella están reservando su parte, que incluye a Los Haitises y quién sabe qué mas.

En aras de un desarrollo económico que beneficiará a un reducido grupo de empresarios, dispuestos siempre a dejar migajas a una masa de trabajadores que, a la larga, serán los más perjudicados, cuando la Naturaleza le pase factura a nuestra geografía, nuestros gobiernos entregan sin rubor alguno nuestras mejores tierras, playas y ecosistemas. Los capitalistas se irán un buen día a disfrutar sus inmensas fortunas, sin ruborizarse siquiera por el daño hecho. Lo que no sabemos es para dónde se irán. Tal vez, por ser tan pocos, encontrarán algún lugar realmente protegido exclusivamente para ellos. Para entonces, ya no tendrán razón de ser los TLC, pues habrán cumplido sus cometidos: más pobreza, más desolación y muerte de toda esperanza. Esto es lo que podría pasar si no se lucha con determinación contra todas estas embestidas neoliberales de privatizaciones y saqueo; de graciosas consesiones sin consultar a los Pueblos. Los congresistas se tornan cada vez más complacientes y, consecuentemente, más ricos.