sábado, 26 de junio de 2010

¿QUÉ SON NUESTROS PERIODISTAS? (1 de 2)

No soy periodista, sino usuario de medios. Como los programas de radio y televisión, así como la prensa escrita, van dirigidos a la población, es ésta última la que debe estar en mejor capacidad para valorar a nuestros comunicadores y a sus medios y, yo como ciudadano, intentaré hacerlo. Realmente, no sólo a los periodistas se le debe echar en cara la falta de ética. En la época actual, a la cual hemos llegado con todos los valores distorcionados por el afán de lucro; ese afán que no repara ni siquiera en el valor de la propia familia como institución primaria y determinante para la paz de la Humanidad, cada vez más se ensancha el egoísmo fomentado por el consumismo que pone a competir a los seres humanos entre sí. ¿Por qué, entonces, me refiero preponderantemente a los periodistas dominicanos?; ¿por qué, si la crisis ética es casi colectiva?. Simplemente por lo que representa para una sociedad cualquiera la Comunicación Social. Pero quiero, antes que nada, hacer las salvedades de lugar, pues no pretendo dejar a un lado las menciones que corresponden a la máxima de que "toda regla tiene su excepción". Sin embargo, no dudo en decir que son muy pocas las excepciones, por lo menos, en mi país.

No voy a callar el hecho de que dedico más tiempo a informarme de medios extranjeros; que el menor tiempo se lo dedico a programas nacionales escogidos; mas no solo porque quiera oír lo que me gustaría escuchar, sino porque me considero apto para captar el profesionalismo, el cual envuelve, a saber, la ética, la moral, la coherencia, la objetividad, la mesura, la forma, el respeto al usuario, el manejo de las fuentes, el uso del lenguaje y hasta el tono de la voz. No incluyo la imparcialidad porque nadie la practica; sin embargo hay que cuidarse de reflejar su parcialidad de manera expresa e intencional, cargada de incongruencias, cuando de informar con objetividad se trata. Todo, en favor de lo justo. Y son, precisamente, todos los que acabo de mencionar, los elementos de los que adolece la mayoría de nuestros comunicadores. Vuelvo a recordar que hay excepciones y que no soy periodista, sino usuario de medios.

Con frecuencia volcamos toda la indignación, desencanto y frustraciones hacia nuestros políticos que, realmente se lo merecen y son, además, la principal materia prima de las noticias. Sin embargo, es en los medios y en la clase periodística que reside la clave de cómo le llega el perfil o la imagen de un político; pero también de cualquier ciudadano que sea noticia, pues dicha clase tiene en sus manos la capacidad de manipulación. Al margen de los propietarios de grandes medios, cuyas características e intereses ya son harto conocidos, vemos cómo nos encontramos con articulistas y productores de programas que son más negociantes de la comunicación que servidores sociales; plumíferos y parlanchines al servicio de políticos o entidades políticas, cazadores de "exclusivas" que luego manipularán a conveniencia de quien mejor les pague, llegando incluso a omitir en función de la "prestancia" del personaje o familia involucrados.

Esa capacidad de manipulación logra "pegar" programas maratónicos que mantienen todo el dia a la población en estado de saturación, identificándose con nombres sugestivos como "El Gobierno de la Mañana", el cual regresa a las pocas horas con su segunda versión de "El Gobierno de la Tarde", ambos verdaderos shows de mal gusto, en los que pretenden vender pluralidad. Pero el colmo es que a uno de ellos se le ocurrió proponer un "Gobierno de la Noche".  Otros "Poderes", con presencias mañanera y vespertina, producidos por magnates a uno de los que ya no le dedico ni un minuto por la prepotencia y su creencia real en que él, particularmente él, es verdadero Cuarto Poder, a quien todos hemos visto tratar con poca cortesía a algunos de sus panelistas invitados y hasta interrumpir la entrevista. Y así, sucesivamente, podrían señalarse a periodistas de la "época de oro", por llamar así a aquella época en que muchos de los aún vigentes nos vendieron un patriotismo que ha resultado ser un anti balaguerismo de oportunidad, pues hoy son radicalmente opuestos a lo que fueron o dijeron ser. Recuerdo una vez más: no soy periodista, sino un usuario de medios.

Así como los artistas tienen que reflejar una imagen y un estado de ánimo digeribles en el escenario, ni más ni menos debe ocurrir con un comunicador ante las cámaras y micrófonos; sin embargo a muchos de nuestros comunicadores se les va el Cuarto Poder más arriba de la cabeza y  a la  sana discusión la convierten en intriga; la cordura en prepotencia; el respeto en ofensa o el profesionalismo  en vulgaridad. Entiendo que, al decir la verdad en una sociedad acostumbrada al cúmulo de falsedades, hipocresía, engaños y desengaños, se descuiden las formas como consecuencia de la justa indignación, lo cual debe ocurrir a partir de un comunicador que realmente sienta la indignación, pues sabe que eso mismo está sintiendo la sociedad a la que comunica; pero fingir indiganación o, más bien, indignarse ante acciones que en un momento dado defendió o ante las que hizo mutis, es una falta garrafal de moral, cuya consecuencia no debe ser otra que el rechazo de la sociedad y la negación de toda credibilidad. Sin embargo, la audiencia sigue ahí, en muchos casos hasta fascinada al punto que llegan a olvidar horrores del pasado. Eso se llama manipulación colectiva no casual. Otra vez: no soy periodista, sino un usuario de medios.

Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, pocos notan cómo está minado de pedigüeños el firmamento periodístico. Lo que ocurre es que hay pedigüeños educados y pedigüeños arrastrados. Escribir un artículo lisonjero, es pedir favores. Cabildear una entrevista a un político "prestigioso", es "ponerse donde el capitán lo vea", que es lo mismo que pedir de manera diferida. No atacar a un político y así hacérselo saber, también con eso se está pidiendo. Esto ocurre no sólo con periodistas de a pié, sino hasta con ejecutivos y editorialistas, que son los que lo hacen con mayor y sutil elegancia. Pero todo eso no lo percibe con facilidad la población como sí lo percibe cuando alguien de la gleba se arrastra con salamería ante políticos hasta de poca monta. ¿Cuántos, periodistas o no,  se estarán dando por aludidos? ¡Huuuuú! 
 
En la próxima entrega, hablaré de las excepciones y, según mi parecer, el por qué de ellas.    


domingo, 25 de abril de 2010

¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?



NOTA ACLARATORIA
Debo aclarar que este trabajo fue publicado y distribuído a
mis contactos con un error involuntario que me fue advertido
por uno de mis contactos. El error consiste en adjujdicar a
José Ortega y Gasset la frase de Ramón de Campoamor:
"...nada es verdad, nada es mentira, todo es del color del
cristal con que se mire". Agradezco la gentileza y pueden
leer el artículo ya corregido, al tiempo que les pido excusas. 

 Nicolás Maquiavelo

Muchos personajes relevantes, a lo largo de la Historia, han pronunciado frases célebres; mas no por célebres tienen que ser, necesariamente, ciertas. Ciertas en el sentido que supone el término "verdad irrefutable". Es así percibida por una gran cantidad de personas, la frase famosa de Maquiavelo: "El fin justifica los medios". La mayoría únicamente se centra en la elocuencia de quien pronuncia o escribe, cuyo objetivo es la eficacia del recurso de la palabra para convencer. Por eso se consideran indubitables una enorme colección de frases que, sólo por haber sido pronunciadas por personajes importantes, son desempolvadas para ocasiones muy específicas. Para quienes las analizan con frialdad, de inmediato afloran sus principales ingredientes: la mentira o la verdad y la intención. Traigo esto a colación, porque por lo menos en tres ocasiones, conversando sobre la instalación de bases estadounidenses en territorio colombiano, esta frase maquiavélica ha sido utilizada por mis interlocutores para defender a Colombia, pues ven a ese país amenazado por Venezuela y todo lo que vaya contra ese país y Cuba, está justificado. Al parecer son la encarnación del mal y todo, por inaudito que sea, se vale contra ellos.

Esta frase está al margen de toda lógica, desde el punto de vista filosófico y dialéctico y encaja más con una aseveración, también célebre, de Ramón de Campoamor, aparentemente inspirada en la particularidad que tiene el ser humano, de pensar todos diferente, siempre en función de intereses, pues eso es lo que se percibe en la siguiente frase: "En este mundo traidor, nada es verdad, nada es mentira, todo es del color del cristal con que se mire". Ambas frases no adquieren la categoría de "verdad absoluta"; ni siquiera de verdad provisional, que es la categoría más cercana a la absoluta. El caso es que la verdad es secuestrada y convertida en una propiedad privada: cada cual tiene su propia verdad. Por lo tanto, para los maquiavélicos, el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas, fue un medio que justificó el fin de terminar la Segunda Guerra Mundial y de vengar las acciones de la aviación japonesa sobre Pearl Harbor. Pero también habría que aceptar como válido el Holocausto y los campos de concentración nazis como un medio justificado utilizado por Hitler para su fin de exterminio de los judíos.

Entonces estamos equivocados los que consideramos un tremendo exabrupto y una incalificable desproporción, el último ataque de Israel a los palestinos, pues está justificado, debido a que los palestinos han estado lanzando unos cohetes de fabricación casera, juguetes de niños comparados con los armamentos israelitas. De manera que no debemos entussiasmarnos en llamar a las guerras de Irak y Afganistán "guerras de agresión", pues Maquiavelo, un simple diplomático y consejero, autoriza a Estados Unidos a utilizar todos los medios, con la seguridad de que estarán justificados para lograr el fin de ¿acabar con el terrorismo o apropiarse del petróleo?.

Muchos acólitos del imperio, al Sur del Río Bravo, vivían reclamando a Estados Unidos que tenía abandonada a América Latina. En una penosa actitud de "arrastrados", le rogaban atender a los países de su patrio trasero, pues se corría el riesgo de multiplicarse el "fenómeno Chávez". El imperio los ha complacido ¡y de qué manera!. Cuando digo que la frase maquiavélica no aplica en Colombia por no ser una verdad, lo digo porque lo que se esgrime para justificar la instalación de bases militares, que es la supuesta lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, es una mentira y no amerita semejante tremendismo. Por tanto, esos medios buscan justificar un fin de mayor envergadura, a pesar de lo cual tampoco es justificable, sino desde el punto de vista de la verdad privada del imperio y su acólito colombiano que se ha prestado con el más soez entreguismo, a servir de plataforma para agredir y frustrar la unidad latinoamericana. Y hay que saber, que no será en Colombia nada más, sino que toda la región está plagada de bases, más la Cuarta Flota.

Ya veremos lo que nos dice el futuro. Aseguro que veremos justificar medios para fines inimaginables, que involucrarán, no sólo el fin petróleo, sino también el agua, el medio ambiente y hasta los fenómenos naturales, que no sabemos ya si serán naturales. NO EXAGERO. 

domingo, 21 de marzo de 2010

DUARTE AYER Y HOY


La política no es una especulación; es la Ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles". (Juan Pablo Duarte).

DUARTE RELIGIOSO

Cuando se urga en el ideario de Juan Pablo Duarte, lo primero que se nota es esa profunda fe religiosa que en casi todos sus discursos enfatiza. Por eso no resisto la curiosidad de pensar qué habría sido Duarte de haber vivido en nuestra época. Claro que me refiero en el aspecto político. El caso es que no parece haber una diferenciación de fondo entre su pensamiento político y su religiosidad. De haberlo conocido José Ingenieros, habría reforzado sus conceptos sobre la moral y el dogma. No cabe duda que Duarte fue y es un ejemplo de moral que abarca todas los aspectos de la vida socio-política de su época, pues no existiendo en aquel momento un sistema político alterno que influyera en esta región, como ocurre hoy, su lucha y su pensamiento no podía ser catalogado con los calificativos que hoy conocemos (comunista, terrorista, Etc.); como tampoco lo podía hacer el clero, pues la probada fe de Duarte lo dejaba sin argumentos para hacer lo que hoy hace la Iglesia Católica contra los líderes más progresistas.

La propia fundación de la República está inspirada en la fe cristiana, desde la formación de La Trinitaria, por aquello de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), de ahí el Lema Nacional "Dios, Patria y Libertad" y La Biblia en nuestro Escudo, así como también, la primera Constitución deja clara la exclusividad de la religión Católica, sin llegar a prohibir la libertad de cultos. A pesar de todo esto, el clero de aquella época, anti haitiana aunque no anti española, no hizo gesto alguno para defender la lucha de Duarte una vez lograda la independencia; sólo se limitó a inquirir sobre el por qué de la expulsión al exilio de la familia Duarte.

En aquella época, la influencia del catolicismo era avasalladora. Unida a la superstición natural de la población, la Iglesia era respetada y temida, por lo cual nadie se aventuraba a declararse ateo;  ni siquiera los hateros poderosos ni oligarcas en ciernes. El ateísmo no estaba vinculado entonces al comunismo, pues nuestro país ni se enteró, cuatro años después de la independencia, del Manifiesto Comunista; pero llamar ateo a alguien, equivalía a decirle comunista durante la Guerra Fría. Sin embargo, además de los más merecidos calificativos, Duarte llamó "ateos" a Pedro Santana y demás anexionistas, sin que ésto provocara reacción alguna en el clero, que no consideraba sacrilegio la traición si ésta no ofendía directamente a Dios o a la Iglesia. Ya desde esa época, la doble moral de la Iglesia estaba de manifiesto.


DUARTE POLÍTICO

Duarte, como todos los próceres de nuestra América, estaba comprometido por entero con la lucha por la independencia, lo cual le obligaba a ser consecuente con esa causa una vez logrado ese propósito. Pero él corrió la misma suerte de sus pares americanos, que dejaron inconclusas las empresas independentistas; sufrieron la traición de sus más cercanos colaboradores o murieron en la más penosa soledad, afectados por la sensación de frustración. Ante semejantes destinos, nos preguntamos lo que habría ocurrido de haberse obtenido resultados más dichosos. Resulta muy dificil imaginarse a Duarte contradiciéndose, después de haber exhibido una vida ejemplar y un discurso coherente, ético y moral.

No dejó dudas en su posición con respecto a la dominación extranjera; no sólo la de Haití: "...pues si he vuelto espontáneamente a mi Patria a protestar con las armas en la mano contra la anexión a España llevada a cabo a despecho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y patricida, no es de esperarse que yo deje de protestar, y conmigo todo buen dominicano, cual protesto y protestaré siempre, no digo tan solo contra la anexión de mi Patria a los Estados Unidos, sino a cualquier otra potencia de la tierra, y al mismo tiempo contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra Independencia Nacional y a cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del Pueblo Dominicano". Cuando Duarte pronunció estas palabras, ya las repúblicas de Sud América eran independientes, pero estaban en manos de las clases equivalentes a la que ostentaba el poder en nuestro país y se sentía ya la mano de Estados Unidos.

Duarte, como Martí, Bolívar o Eugenio María de Hostos, estaban convencidos de lo que representa Estados Unidos para nuestra América, por eso me hago la misma interrogante sobre éstos últimos, de tocarles vivir en nuestra época. Ellos fueron perfectos visionarios y sus aseveraciones no fueron fruto de un discurso pura y simplemente emotivo y demagógico, sino de un convencimiento resultante de sus ideas reforzadas por la práctica, por la lucha decidida y comprometida,  a prueba de claudicación. Por eso no cuesta esfuerzo alguno suponer que hoy no estarían del lado de las fuerzas derechistas; ni siquiera reformistas. Al hacer tal aseveración, me veo obligado a aludir la lucha emprendida por Juan Bosch, principalmente a partir de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana. Bosch no se cansó de repetir, que la misión del PLD es completar la obra de Juan Pablo Duarte.
Así como, hipócritamente, muchos "cristianos" se escudan tras el cristianismo y dicen seguir a Cristo, todos los políticos, sin excepción alguna, se consideran duartianos, por más anti democráticos que sean. En nuestro país, tan sacrílego es quien blasfema a Cristo, como a Duarte, pero el peor sacrilegio es la actitud hipócrita, farsante y simuladora. Balaguer se consideraba muy duartiano; tanto Bush como Clinton, en algún momento citaron a Bolívar; varios de los más aventajados discípulos de Hostos sirvieron a las más nefastas causas registradas por nuestra Historia, desde Lilís, pasando por Trujillo y hasta los Doce Años. Y así, sucesivamente, vemos cómo hipócritamente se escudan peledeístas con la figura de Juan Bosch. ¿Cómo conciliar tales actitudes con el ideario de Duarte?. A Cristo no se le debe adorar, sino imitar.
La práctica política de hoy es llamada Democracia y, analizándola país por país de nuestra América, encontraremos que lo que se practica dista mucho de los propósitos concebidos por los próceres, con las excepciones conocidas que, sin embargo, están siendo peligrosamente asediadas. En el caso de República Dominicana, ¿es lo que tenemos hoy lo que aspiraba Duarte?. ¿Calificaría Duarte de Demócrata una sociedad en la que impera la corrupción impune, el tráfico de influencias, las injusticias sociales que generan pobreza para muchos y abundancia para pocos, así como a una Iglesia cada vez más comprometida con los peores sectores anti nacionales?. Y lo que es peor: aunque no se ha vuelto producir una anexión después de la Restauración, tenemos una independencia ficticia, tutelada y muy condicionada  Lo lamentable es que no se ve luz al final del oscuro túnel.

lunes, 22 de febrero de 2010

CARESTIA SIN LIMITES ANTE EMPLEOS Y SALARIOS LIMITADOS

Poder adquisitivo es la capacidad de una persona para comprar bienes y servicios en variadas cantidades y hasta a altos precios. Obviamente que el nivel de ingreso es lo determinante. En tiempos de  inflación y, pero aún, de híper inflación, se reduce el poder adquisitivo para los asalariados, los pequeños productores, artesanos, Etc.,  mientras que los empleadores, comerciantes y profesionales liberales en algunas disciplinas, tienen la oportunidad de incrementar sus ingresos. Los salarios nunca se incrementan de manera proporcional a la inflación, lo cual no resuelve nada, pues el comercio aumenta de nuevo los precios tan pronto se incrementan los salarios, convirtiendo la actividad económica en un círculo vicioso que llega a un punto, como en el que hoy nos encontramos, en que los mismos empleadores se resisten a elevar los salarios, al considerarlos como un costo de producción que reduce sus ganancias.

Llegado a este punto, cabe preguntarse si no sería lógico controlar la inflación ante un estancamiento o congelación de los salarios. Todavía nadie explica cómo se puede aceptar aumentos en los precios de los bienes y servicios, con un desempleo creciente y los salarios inmóviles. Aumentan todos los bienes de consumo en época de crisis mundial y se da la paradoja de que los ricos son más ricos en medio de la crisis. La clase media va descendiendo hacia estratos más bajos dentro de su propia clase y hay quienes se han arruinado totalmente. Esa clase media que otrora representaba un 35%, disminuye porcentualmente y crece el 60% que antes representaban los pobres y pobres extremos, mientras el 5% que representan los ricos se mantiene intacto; es decir, que los ricos no pierden nada con la crisis, por el contrario, se enriquecen más.
A los accionistas de las grandes empresas hay que asegurarles ganancias a pesar de todo. Hay que presentarles presupuestos con superávit aún haya que especular. Las regulaciones gubernamentales son un mito, es el objetivo del neoliberalismo troglodita. Dirán que nadie dejará de consumir a pesar de los bajos ingresos, pues saben que están ante una sociedad consumista, que se atreve a comprar menos alimentos para comprar más moda (ropa, celulares, Etc.) inducidos por ellos mismos con sus propagandas en los medios. Cuentan, además, con las remesas que reciben las familias, las cuales sustituyen el ingreso perdido con el empleo y que se mantendrán aún sean en menor proporción.

Ciertamente, el consumo es una imposición muy sutil. Consumimos tanto por impulso, como por verdadera necesidad. Si nos fijamos bien, las familias tienen que gastar en los principales renglones, digamos que en los indispensables, sumas adicionales que, en una situación de normal prestación de servicios, esos gastos adicionales no se producirían. Por ejemplo, hay que gastar en la compra e instalación de un inversor o una planta eléctrica, por la falta de un servicio de electricidad eficiente. Pero el inversor, a su vez, provoca una aumento en la facturación de la electricidad, toda vez que consume energía para cargar las baterías; como también la planta eléctrica genera un gasto en combustible cada vez más caro, más el mantenimiento. El servicio de agua, de ser eficiente y la calidad óptima, no habría necesidad de comprar agua purificada, como tampoco necesidad de adquirir una bomba, que consume energía, más un depósito de agua (tinaco).

La educación privada, aunque extremadamente cara, capta estudiantes hasta de un segmento de la clase media que se resiste a admitir que no puede pagar por ese servicio y, tanto por aparentar bienestar, como por un sincero sacrificio por proporcionar a sus hijos una  mejor educación, los mantienen en los colegios elitistas. Eso es consecuencia de la incorrecta política educativa del país, que no es más que una expresa política para facilitar el avance del neoliberalismo, lo cual no es exclusividad del acutal gobierno. Todo estudiante de secundaria que haya estudiado en un colegio privado, encontrará contradictorio que estudie en una universidad pública; por lo tanto, el sacrificio de los padres tendrá que seguir.
Por último, aunque faltan muchas cosas más, la salud. El gobierno ha querido proporcionar a la población de un sistema de salud moderno, para ponerse a tono con las políticas globales en esa materia. Pero una cosa es la buena intención y otra, muy distinta, es la vorágine de los intereses movidos también por el neoliberalismo. Una Seguridad Social selectiva, no sólo no es justa, por su sentido mercantilista, sino que produce un efecto contrario o igual a lo que se pretende lograr, es decir, al verdadero espíritu de la ley, que pretende abarcar a toda la población, desde los indigentes hasta el más encumbrado ciudadano. La cobertura de un seguro estará en proporción directa con el poder adquisitivo; la calidad del servicio también estará en función de la categoría del usuario. Luego todo sigue igual, pues antes de la ley, era justamente así: mientras más puedo pagar, más y mejor servicio tengo. De igual manera y a pesar de todo, para una enfermedad crítica o terminal, se procederá con el mismo criterio que siempre existió. Los medicamentos son cubiertos parcialmente dependiendo de su precio. Así, para la diabetes, cáncer, SIDA, leucemia, glaucoma y algunos etcéteras, simplemente no cubre ningún medicamento. Las diferencias que se pagan por las consultas y los exámenes o análisis, con honrosas excepciones, son mayores que lo que hace un par de años se pagaba por una consulta completa. Y tanto que falta para que el salario mínimo llegue aunque sea a diez mil pesos, cuando ni siquiera con veinte mil sería suficiente.

Se cierram los ojos ante una situación de precariedades. Se quieren volcar a "ayudar" cuando ocurren tragedias de la Naturaleza y hasta hay quienes exhiben un protagonismo previamente calculado. Pero la tragedia de una población ubicada en un nivel de pobreza angustiante, es también una tragedia colectiva y además permanente,  la diferencia es que no se quiere ver como tal, no sólo porque no impacta como lo hace un terremoto o un huracán, sino porque se sienten compromisarios de tal tragedia por vía de la corrupción que saquea constantemente los recursos que se generan, precisamente,  para enfrentar esa tragedia.

Recuerdo a Tomás Pujols Sanabia, un comentarista radial que en 1965, en los meses previos a  la Guerra de Abril, ante los escándalos de corrupción del Triunvirato, terminaba sus comentarios con esta frase interrogativa: "¿HACIA DÓNDE NOS LLEVARÁN ESTOS CAMINOS?".

domingo, 17 de enero de 2010

HAITI : DE REPENTE, SALTA A LA VISTA

Grandes desastres naturales han ocurrido en el mundo, pero de los que han ocurrido durante los años que he vivido, sólo dos puedo mencionar y decir de ellos que han sido descomunales en extremo: el sunami en Asia y el que hoy nos conmueve en Haití; sin embargo, no significa que minimice los terremotos de Pakistán, en 2005 (magnitud 6.5 y más de 20,000 muertos), ni el acontecido en Nicaragua en 1972 (magnitud 6.2 y 10,000 muertos), o la tragedia colombiana en 1985, cuando erupcionó el volcán Nevado de Ruíz y arrasó con un poblado campesino de 25,000 habitantes, en el que mató a 21,000 y en otro poblado mató unos 3,000. El sunami asiático afectó a varios países, dejando víctimas mortales por más de 200,000 y gigantescas destrucciones; el terremoto en Haití, afectó a su capital y los suburbios, la destruyó literalmente entera y los muertos ya pasan los 50,000 y no se sabe el número de desaparecidos que son potenciales muertos.

Hasta el momento, no había conocido de tragedias de tal naturaleza, en las que hayan sufrido tanto pobres como ricos; gente común y corriente y personas importantes, como tampoco la destrucción de ranchos, mansiones y estructuras importantes. Con todas estas características, ocurrió esta desgracia, de lo cual nadie se ha quedado sin lamentar. Ocurrió en el país más pobre de nuestra región y uno de los más pobres del mundo. Ya mencioné las más terribles tragedias que he conocido en mi vida; ahora diré que nunca he visto en mis años, ni leído sobre los años previos a mi nacimiento, que Haití haya tenido un sólo momento de felicidad. Todos los países de nuestra región han tenido aunque sea momentos de esperanza; uno que otro momento estimulante y esperanzador. Haití sólo ha sabido sufrir. Hoy, el amor hacia Haití se desborda, principalmente y para callar a ciertos disociadores, se desborda el amor dominicano.

EL QUE TENGA OJOS PARA VER...

No quería entrar en consideraciones políticas ni religiosas; sin embargo, son temas obligados por dos razones: primero, porque ¿qué sino el sistema político es el culpable de la miseria extrema, la inseguridad ciudadana, la ausencia de normas para las construcciones y la carencia de recursos para desarrollar los proyectos de infraestructura?. ¿Cómo no incluír el tema religioso, cuando a un tele evangelista de nombre Pat Robertson, se le ocurre culpar del terremoto a un supuesto pacto con satanás que data del 1804?.

Si bien es cierto que el desarrollo de los Pueblos no puede darse sin la participación de la sociedad en su conjunto, no menos cierto es que esa participación está supeditada, tanto al grado de educación y conciencia ciudadana, como a la voluntad política y al grado de autenticidad de sus líderes; de la capacidad para estructurar un sistema político, económico y social basados en la equidad y la justicia. Nada de eso se ha dado, ni por asomo, en Haití. Y aunque el sistema político no tiene la culpa de la existencia de una falla geológica debajo de Puerto Príncipe, sí es culpable por no haber proporcionado a su población estructuras de calidad, de no haber sido previsores, siendo, en cambio, corruptos y negadores de justicia social.

El mundo entero se solidariza. La comunidad internacional, tan mencionada y apelada en situaciones de mucha menor importancia; convocada a menudo a sumarse a proyectos imperiales y guerreristas, pero disociada para evitar la aprobación de protocolos en favor del clima, ha estado patinando y amagando durante todo el tiempo para auxiliar a Haití en la tragedia que le ha acompañado toda la vida: LA POBREZA. Hoy todos acuden. ¡Qué bueno que lo hacen!. Lo que sería trágico es que se quieran sacar ventajas políticas, aprovechar circunstancias para llevar a cabo viejos proyectos en los que nos han querido involucrar a los dominicanos. No confío, para nada, en los tramposos de siempre.

Ahora diré lo que me verán repetir muy a menudo: "El que tenga ojos para ver, que vea; el que tenga oídos para oír, que oiga" (El Nazareno). El que quiera ver y oír, que vea y oiga lo siguiente: República Dominicana, siempre; Cuba durante largos años bajo el gobierno revolucionario y Venezuela, desde la asunción de Hugo Chávez en 1999, han brindado más solidaridad a Haití, que todas las potencias y que todos los demás países juntos. ¿Quién se atreve a decir que no es así?; ¿quién, excepto los detractores de esos tres países, puede decir que no es solidaridad por parte de República Dominicana, permitir una población haitiana de legales e ilegales, en su territorio; la asistencia médica desinteresada que brinda Cuba y las facilidades petroleras, comerciales y de otras índoles que ofrece Venezuela?. ¿Alguien puede decir que es hipocresía?.


PAT ROBERTSON

Cuando se desplomó la figura de Jimmy Swagart, aquel tele evangelista envuelto en escándalos sexuales, se hizo necesario el surgimiento de un sustituto con el mismo carisma y los mismos recursos escénicos que convencen y alteran las emociones del público. Siempre es necesario tener un personaje-ícono que se destaque en cada una de las tantas super estructuras imperiales. Pat Robertson sustituyó a Jimmy Swagart en la super estructura religiosa. De manera que, pedir la cabeza de Hugo Chávez, o asegurar que el terremoto en Haití se debió a un pacto con el diablo hecho en 1804, dicho desde un púlpito, frente a un podio que soporte una biblia y frente a un numeroso público presente y otro más numeroso, televidente, creen que podría surtir el efecto deseado; pero realmente lo que produce es un silencio, aunque cómplice, de las congregaciones religiosas y un rechazo tajante en la población conciente. Pat Robertson debe hablar de los brujos que, por miles, tienen consultorios en Estados Unidos; que entienda que el vudú es cultura popular haitiana, tal como cultura popular es lo que practican los brujos en Salem, Massachusetts.

Un pastor evangélico me dijo, que los haitianos están así, porque están muy alejados de Dios. ¿Es, entonces, el terremoto obra de Dios?. ¿Qué tan cerca de Dios está Estados Unidos, Alemania, Israel, Francia, Inglaterra; en fin, los países ricos, para que sean beneficiados con el bienestar?. Nadie quisiera tener polémicas ni problemas con las religiones, pero palabras generan palabras; permanecer callados es irresponsabilidad y cobardía. El planeta está resentido y la vida humana peligra. Como la biblia anuncia un gran evento apocalíptico, la idea de las religiones es que nos crucemos de brazos a esperarlo resignados, porque si lo dice la biblia, no hay nada qué hacer, viene como quiera. ¿Será por eso que fracasan Kioto y Copenhague?.

En cuestión de segundos, todo cambia para Haití. Lo que está por verse en ese país, no es fácilmente predecible, sólo se puede decir: Ahora o nunca debe haber una definición beneficiosa, aunque haya costado miles y miles de muertos. Para que haya un real beneficio, deben cesar las hipocresías y los intereses malsanos. La solución no es difícil, sólo hay que TENER OJOS PARA VER, Y OIDOS PARA OIR.

martes, 15 de diciembre de 2009

DELINCUENTES EN POTENCIA

He escuchado a mucha gente decir que los delincuentes callejeros, aquellos que, producto de la pobreza y falta de oportunidades, deberían irse a trabajar o estudiar en lugar de delinquir. Quienes eso dicen hablan, unos por ignorar las causas y sólo ver los efectos, mientras que otros con conocimiento de causas, pero sin admitirlas públicamente, por pura conveniencia de clase. El caso es que los ignorantes coinciden con los propiciadores de las causas, lo cual ayuda a éstos últimos, en detrimento de toda la sociedad, pues es bueno aclarar que una cosa es estar conciente de una causa y luchar en favor de ella; mientras que otra cosa diferente es estar conciente de la justeza de esa misma causa y evitar su advenimiento. De todas maneras, con la expresión, se está admitiendo tácitamente que es la falta de trabajo y equidad social lo que origina la delincuencia callejera.

No cabe duda de que lo ideal, ciertamente, es que trabajen y/o estudien; pero lo que se quiere dar a entender de manera expresa, es que hay una resistencia a hacerlo por un "desinterés patológico", que es una forma elegante de decirles vagos irremediables. Sin embargo y en todo caso, si se trata de una patología social, su cura y/o control están tan a la vista como las propias causas; es como tener las curas para enfermedades como el SIDA o el cáncer y no querer aplicarlas a los pacientes que las sufren.

Cuando a una sociedad se le castran sus más caras aspiraciones, mediante golpes de estado, represión, irritantes privilegios y actos de corrupción que le niegan sus derechos más inalienables, los auspiciadores logran un éxito desde el punto de vista de la lógica de su filosofía, debido a la desesperanza, la frustración y desamparo en que queda sumida. Ese éxito es aparente y no lo ven así a pesar de escarmientos anteriores, porque la ambición es ciega y no mide consecuencias. La delincuencia callejera se incrementa tras ese éxito y. aquellos que tenían la esperanza de trabajar y estudiar, se convierten en delincuentes en potencia. Para muestras, basten los casos de Centro América.

Un mentís a los que piensan que la delincuencia no es consecuencia de la pobreza, que por el contrario, se debe a que no quieren trabajar o estudiar, solo tienen que ver la cantidad de personas con tarantines en las esquinas o pregonando frutas por las calles; a infelices tocando las puertas de las casas de acomodados ofreciéndose a limpier el patio, botar la basura o limpiar los zapatos, o a niños limpiando cristales a los vehículos y hasta haciendo trabajos de adultos. Todo eso es deseo de trabajar, de ganarse la vida para no delinquir. Pero, ¿qué tan suficiente ingreso pueden proporcionar esas tareas informales, que permitan llevar una vida digna?. ¿Pueden costear los alimentos para sus familias, los útiles escolares, el transporte, el vestido y la salud?. ¿Deben conformarse con eso y escuchar cada cuatro años las mismas promesas de cambios?. Cada cuatro años aumenta el nivel de delincuencia, porque ya los que eran potenciales delincuentes, se han convertido en delincuentes reales.

Pero no sólo la falta de trabajo y oportunidades hace de los ciudadanos humildes potenciales delincuentes, también los bajos salarios de los obreros, policías, guardias y empleados públicos son incentivos para delinquir, toda vez que la voracidad del comercio les exige disponer de cada vez más dinero para satisfacer sus necesidades primarias. A la par, existe otra fuente informal de ingresos, un fenómeno en la amplia gama de delitos: el narco tráfico. Se trata de una actividad altamente rentable y cada vez menos riesgosa en la medida que va permeando las altas instancias del poder político; irresistible a la tentación para quienes no tienen nada qué perder y hasta de quienes sí tienen qué perder, pues es capaz de sobornar hasta a quienes no necesitan más dinero, pero que les importa un comino la suerte de la sociedad.

Puede decirse, entonces, que la potencialidad de la delincuencia callejera está en la pobreza económica; mientras que la delincuencia global radica en ambas: la pobreza económica y la pobreza de valores, siendo ésta última de la que menos se habla.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LEONEL MEDIADOR



Lenoel Fernández mediará en el conflicto colombo-venezolano. En política, indudablemente, se dan situaciones conflictivas salvables e insalvables mediante el diálogo. En unos casos, la voluntad política está presente, pero también puede estar totalmente ausente, porque dicha voluntad, casi siempre, está condicionada por intereses irreconciliables, como son los intereses de clases. La intolerancia, una constante en las clases poderosas, juega un papel central sobre la voluntad, a la hora las grandes disyuntivas, máxime cuando una de las partes ha tomado una decisión que obedece a un plan, desde su punto de vista, crucial para la vigencia de un sistema de dominación regional. Lo antes dicho, se aplica a la situación creada en Sudamérica y, particularmente, entre Venezuela y Colombia.

Una mediación, para un caso de tal envergadura, sólo puede lograr acuerdos frágiles en la forma, porque el fondo nunca será tocado ni admitido por el creador de la crisis. El presidente Fernández tendrá un protagonismo que le puede beneficiar o perjudicar, en la medida que entienda si dialogará con Hugo Chávez y Alvaro Uribe o si con Hugo Chávez y el Pentágono; en la medida que entienda si son o no siete bases militares estadounidenses o colombianas a instalarse en Colombia y que éstas sean realmente para combatir al narcotráfico y a la guerrilla, o para enfrentar el auge del Socialismo del Siglo XXI y, por último, en la medida que entienda que él mismo (la R.D.) será perjudicado en caso que el plan sea para atacar a Venezuela, en primer lugar, y a toda la región como plan final.

No dudo de la capacidad y/o habilidad de Leonel, como tampoco de su comprensión de la situación real, pero si se irrespeta y desconoce a la ONU, OEA y demás instancias representativas de los países del hemisferio, ¿qué puede lograr Leonel que satisfaga a ambas partes y deje conformes a la región y a Estados Unidos?. Considero que la decisión colombiana de ceder su soberanía, sólo puede ser revertida por el propio pueblo colombiano y, aún así, la prepotencia tradicional del poder que siempre invade, sería constante amenaza y la mayor intranquilidad para toda América. Hay una decisión tomada que, en un momento especial que se quiere provocar y cuyo primer paso fue el golpe en Honduras, puede producir acontecimientos especialmente trágicos para una región que ha sufrido y vivido las tragedias de la pobreza y de las dictaduras militares sangrientas a lo largo de su historia.

El reto de Leonel Fernández lo pondrá a prueba: pondrá al desnudo, ya no en su país, sino en toda América y el mundo, su verdadera tendencia política en la medida que lo aprube o desapruebe la opinión de Estados Unidos. Los ojos de América y el mundo estarán puestos sobre él, mientras se comparará su mediación con la de Oscar Arias en el conflicto hondureño. Oscar Arias, por lo menos por pudor, no debió reconocer las elecciones hondureñas, después de haber admitido que Roberto Michelleti no tuvo voluntad política para solucionar la crisis y torpedear, en todo momento, el acuerdo que el propio Arias propició, demostrándose que realmente fue propiciado por el Departamento de Estado de E. U. y que, a pesar de eso, Manuel Zelaya había aceptado. ¿Qué tan prestigiado quedó el Arias Nóbel de la Paz?. Lenoel, debe mirarse en ese espejo, pues hay que admitir que, en el caso hondureño, Leonel ha sido coherente. Al César, lo que es del César.

Buena suerte para Lenel.